El envejecimiento de la población y la urbanización son dos de las transformaciones demográficas más relevantes del siglo XXI, y convergen en el tiempo. En 2020, el número de personas de 65 o más años superó por primera vez al de niñas y niños menores de cinco años, y se proyecta que la proporción mundial de personas de 65 o más años pase del 9,3 % en 2020 al 16,2 % en 2050, hasta alcanzar en torno a 1.500 millones de personas; en paralelo, más de la mitad de la población mundial reside ya en áreas urbanas . Las ciudades concentran así poblaciones que envejecen en infraestructuras, viviendas e instituciones sociales que no fueron diseñadas pensando en las trayectorias vitales de la vejez. Ante este escenario, la Organización Mundial de la Salud lanzó en 2007 la agenda de las ciudades y comunidades amigables con las personas mayores, acompañada de una guía práctica —Global Age-Friendly Cities: A Guide— y de un proceso ascendente (bottom-up) que estructura la amigabilidad en ocho dominios. La iniciativa cristaliza en la Red Mundial de Ciudades y Comunidades Amigables y se integra posteriormente en la Década del Envejecimiento Saludable 2020-2030. Conecta, además, con el marco del envejecimiento saludable de la propia OMS, según el cual el bienestar en la vejez no depende solo de la capacidad intrínseca de la persona, sino también de los entornos y de su interacción con ellos.
El objetivo de este trabajo es conocer qué funciona y qué no en materia de actuaciones sobre los entornos amigables con las personas mayores, esto es, qué características e intervenciones contribuyen al bienestar de las personas mayores, cuáles resultan más efectivas y bajo qué condiciones se implementan y sostienen.
Presentación
Objetivo
El objetivo de este trabajo es conocer qué funciona y qué no en materia de actuaciones sobre los entornos amigables con las personas mayores, esto es, qué características e intervenciones contribuyen al bienestar de las personas mayores, cuáles resultan más efectivas y bajo qué condiciones se implementan y sostienen. Para ello, el análisis se organiza en torno a las cuestiones que se enumeran a continuación:
- Los efectos de los entornos amigables sobre la salud y el bienestar físico, mental y social de las personas mayores.
- El papel del entorno físico y construido, que abarca los espacios exteriores, los espacios verdes, la vivienda, la caminabilidad, la seguridad y el transporte.
- El papel del entorno social, en términos de participación social, inclusión, conexión y reducción de la soledad y el aislamiento.
- La efectividad de las intervenciones comunitarias dirigidas al envejecimiento activo y a la permanencia en el entorno.
- La dimensión digital de la amigabilidad, que comprende la tecnología, la movilidad inteligente y las ciudades smart.
- La integración de la sostenibilidad y la resiliencia climática en el modelo amigable.
- Las cuestiones transversales, referidas a la medición y la evaluación, la implementación y la gobernanza, la equidad y la exclusión, la participación y la coproducción, y el contexto español.