Palabras clave
Personas mayores, Nuevas tecnologías, Evaluación de servicios, Literatura científica.
Resumen
El artículo revisa de manera sistemática la evidencia disponible sobre la efectividad de las tecnologías asistivas (AT) en adultos mayores, considerando especialmente el papel de la fragilidad como variable moduladora de sus resultados; en este sentido, el trabajo parte del reconocimiento del incremento demográfico de personas de 65 años o más y de los retos asociados al aumento de la dependencia y los costos en salud, lo cual ha impulsado el desarrollo y difusión de dispositivos orientados a preservar la autonomía, la comunicación y la seguridad de los mayores, ya sea en sus domicilios o en instituciones residenciales. A través de una revisión sistemática de ensayos clínicos aleatorizados (2009–2019) realizada bajo directrices PRISMA, se incluyeron 19 estudios con un total de 1768 participantes y se identificaron seis grandes categorías de dispositivos: movilidad, manejo personal de enfermedades, medicación, apoyo mental, audición y visión; los hallazgos mostraron resultados heterogéneos y solo ocho ensayos reportaron eficacia significativa en alguno de sus desenlaces primarios, destacando los dispositivos para manejo de enfermedades crónicas como los más consistentes al mejorar conductas de autocuidado y parámetros clínicos, mientras que otras tecnologías como alarmas, ayudas auditivas, soportes visuales o aplicaciones para adherencia farmacológica mostraron eficacia parcial, limitada o dependiente del nivel funcional de los participantes. El análisis del subgrupo con fragilidad reveló que, en general, las AT evaluadas no son efectivas para personas con deterioro significativo o severo, lo cual plantea la necesidad de diseñar dispositivos y estrategias específicamente adaptadas a esta población vulnerable. En términos metodológicos, la revisión evidenció importantes limitaciones: heterogeneidad de intervenciones y resultados, predominio de estudios piloto o de factibilidad, riesgos de sesgo en cegamiento y reporte incompleto, ausencia de evaluaciones económicas, éticas o de impacto sobre cuidadores, y carencia de estandarización conceptual en la definición de AT. En conclusión, si bien las AT representan un recurso prometedor para apoyar la independencia y calidad de vida de los adultos mayores, su eficacia probada es aún incierta y desigual, sobre todo en los más frágiles, lo cual exige investigaciones de mayor escala, con criterios de inclusión claros sobre fragilidad, evaluación multidimensional de resultados y el desarrollo de dispositivos pensados desde el inicio para responder a las necesidades específicas de esta población en rápido crecimiento.