Presentación

Alzheimer's Disease International (ADI) y la Organización Mundial de la Salud cifran en más de 55 millones el número de personas que conviven con algún tipo de demencia en el mundo, y estiman que la cifra alcanzará los 78 millones en 2030 y los 139 millones en 2050, con una incidencia anual en torno a los 10 millones de casos nuevos.

El presente dosier se propone ofrecer un panorama de los apoyos disponibles en buena parte de los países de nuestro entorno para afrontar el deterioro cognitivo, con atención tanto a los servicios formales como a las redes informales de cuidado y a algunas experiencias en marcha.

¿Qué es la demencia?

La OMS define la demencia como un síndrome, habitualmente crónico o progresivo, caracterizado por un deterioro de la función cognitiva mayor del esperable por el envejecimiento, que afecta a la memoria, el pensamiento, la orientación, la comprensión, el cálculo, la capacidad de aprendizaje, el lenguaje y el juicio, sin alteración de la conciencia, y que suele acompañarse –y en ocasiones precede– de cambios en el estado de ánimo, el control emocional, el comportamiento o la motivación. No se trata, por tanto, de una enfermedad única, sino de un término que agrupa diversas enfermedades y lesiones cerebrales con un perfil sintomático común.

Los cuidados

La demencia es un proceso de evolución lenta y progresiva: desde el diagnóstico transcurren, de media, entre ocho y diez años durante los cuales la persona necesita apoyos que se acumulan y se combinan. No basta con la atención sanitaria; hace falta también ayuda en las tareas cotidianas —desde asearse o comer hasta gestionar el dinero o la medicación— y un acompañamiento emocional constante. Por eso es hoy una de las grandes fuentes de demanda de los sistemas de cuidados de larga duración, pensados para quienes pierden autonomía por la edad, una enfermedad crónica o una discapacidad.

Esos sistemas se sostienen sobre dos pilares cuyo equilibrio cambia mucho de un país a otro: el cuidado formal —profesional, regulado y financiado con dinero público o mixto— y el cuidado informal —el que prestan familiares o allegados, sin contrato ni remuneración—. El reparto entre ambos define lo que suele llamarse «régimen de cuidados», uno de los rasgos que más distingue a unos Estados de bienestar de otros, y esconde un desequilibrio profundo: en 2019, cerca de la mitad del coste social de la demencia correspondía al valor del cuidado informal —hasta el 65 % en los países de renta baja y media—, y en todo el mundo las mujeres asumen alrededor del 70 % de las horas dedicadas a cuidar a personas con demencia.

Experiencias destacadas

La selección de experiencias del dosier se propone ilustrar respuestas innovadoras a cuatro dimensiones recurrentes en la literatura sobre demencia y cuidados: la integración comunitaria de las personas con deterioro cognitivo (comunidades amigables, Radars); la adaptación del entorno físico y los apoyos profesionales orientados a favorecer la permanencia en el hogar (Dementia Services Development Centre, Community Occupational Therapy in Dementia); la adecuación del entorno residencial mediante el diseño de aldeas para personas con demencia (Hogeweyk, Village Landais); y la reorganización del modelo institucional hacia unidades de pequeña escala arraigadas en la comunidad (unidades de convivencia japonesas).

Recursos de interés

Se recoge una selección de materiales de referencia, organizados en cuatro bloques temáticos: política pública y planificación; envejecimiento y salud cognitiva; demencia (definición, síntomas y orientación al diagnóstico); y apoyo a las personas cuidadoras. Cada recurso se presenta con su ficha bibliográfica y una breve reseña descriptiva.